En el tren de las 7:00...
Sensación de vacío y rutina llenan el corazón de Edu. Su mirada se pierde a través del cristal de la ventana. Esa misma ventana desde donde contempla el amanecer, día sí, día también. El mismo andén, mismas personas e idéntico paisaje. Edu siente que su corazón se apaga cada día un poco más, la tristeza lo envuelve y sigue sin conocer el motivo. Hoy lo descubrirá.
Todo transcurre con normalidad, el tren inicia su marcha y en 30 minutos se encontrará en Barcelona, listo para una nueva jornada laboral. Sin embargo, algo ocurre en la primera parada. Un andén vacío, en blanco y negro, se presenta ante él. Edificios antiguos bañados de historias y farolas apagadas, excepto una. Debajo de ésta, Edu percibe una figura de escasa altura y con un semblante alegre. En su mano un reloj de arena de cristal desgastado. La arena empieza a caer y lo que ahora parece ser un niño levanta la mano a modo de despedida. Una luz proveniente de la farola deslumbra la mirada de Edu y tras unos segundos de oscuridad y virutas de luz, el andén desaparece.
Edu se siente desconcertado pero atribuye su visión a la falta de sueño. Necesita beber algo para despejarse. De su bolsa saca una botella de agua que ha sido rellenada varias veces. Al guardarla de nuevo, algo parece llamar su atención. Un objeto que no reconoce como suyo y que sin embargo nadie excepto él podría haber guardado en su bolsa. ¿O sería su mujer? Al sacar el misterioso objeto se da cuenta de lo que es: un reloj de arena. ¿El mismo que le enseñó el niño? Al mirarlo de cerca Edu se percata que la arena no deja de caer, sin importar la posición en la que se ponga el reloj. No entiende nada. Decide ponerlo en posición horizontal, no obstante la arena sigue su curso, sin cesar, al mismo ritmo, como si de una cuenta atrás se tratara.
Sin tener más tiempo para pensar, el tren hace un extraño y sacude a los pasajeros de un lado a otro. De repente, luces apagadas, silencio y penumbra. El tiempo se detiene, nadie parpadea, nadie respira, sin embargo Edu sí. Una puerta al final del vagón se abre y a través de ella una figura se muestra. Otro niño. Se acerca cada vez más a Edu y éste intenta preguntarle quien es, pero de su boca no salen las palabras, solo silencio. El niño se acerca cada vez más, su mirada fija en los ojos de Edu. No sonríe, no habla. Tras unos segundos cara a cara, el muchacho abre la boca, dando la sensación que intenta hablar pero que algo se lo impide. Algo empieza a caer a los pies de Edu, quien sin saber lo que es en un principio, decide agacharse para averiguarlo. Arena.
De repente, los ojos del niño se vuelven marrón tierra, cada vez más intenso. De sus lagrimales empieza a correr un río de arena. Del mismo modo, su boca empieza a escupir granos cada vez más grandes. ¿Semillas? Edu se siente aterrado, el ruido de la arena al caer cada vez es más intenso, hasta tal punto que parece que su cabeza va a estallar. De la desesperación logra sacar un grito y un rayo de luz cubre el vagón de nuevo. Ya no hay niño ni arena, solamente pasajeros aterrados con la mirada fija en Edu. Un sueño.
El reloj de arena sigue su curso, y en la próxima estación Edu entenderá su significado.
Continuará...
miércoles, 14 de octubre de 2015
viernes, 2 de octubre de 2015
El otro tren (con mi vida pasando) Parte 1
40 velas en una tarta de fresas. Así empieza el día de hoy
para Edu. Su mujer y su hijo le han preparado una pequeña sorpresa para este
día tan especial, además de un lujoso reloj de pulsera. Normalmente a Edu no le
suelen gustar los cumpleaños, ya que le recuerdan que el tiempo pasa, que algo
le espera, algo mejor, pero no llega. Un reloj como regalo empeora las cosas,
sin embargo abraza y besa a su familia, a quienes quiere con locura. Tras un
agradable desayuno debe partir a su trabajo.
Recorre la rambla de su ciudad,
camino de la estación. Mucha gente en las calles, desconocidos, se siente solo.
Algunas miradas se dirigen a él pero baja la cabeza. El frío de esta mañana de
otoño cala sus huesos y buscando cobijo en su propio abrigo, contempla el reloj
que su familia le ha entregado. Su estado anímico parece reflejarse en el
cielo, de un color gris ceniza que apenas deja pasar los primeros rayos del
sol.
Observa los escaparates y a
través de ellos ve el reflejo del hombre que es, pero no del que quiere ser.
Una barba descuidada y ojos enrojecidos por la poca calidad de su sueño. Al
pasar por delante de su antiguo colegio mil recuerdos alumbran su mente. Tantas
ilusiones, aspiraciones y sueños, que ahora parecen haber caído en un olvido infinito.
Su corazón llora por la cruel diferencia entre lo que quiso ser y lo que ahora
es. ¿Quizás sus ambiciones eran demasiado exigentes?
Tener un trabajo agradable, con
compañeros simpáticos y un buen sueldo. Algo así es un lujo hoy en día, y Edu
es uno de los pocos que puede decir que el trabajo y el dinero no es un
problema. Lo mismo sucede con su familia. Su mujer trabaja como maestra en su
ciudad y su hijo, David, de 8 años, es uno de los más inteligentes y educados
de su clase. Si todo parece funcionar a su alrededor, ¿qué es lo que hace que
Edu se sienta triste?
La obsesión por buscar soluciones
en el exterior a veces no nos deja observar la verdadera raíz de nuestros
problemas y preocupaciones. Y al igual que éstas, la llave la podemos encontrar
dentro de nuestros corazones. Solamente hace falta que la mente la sepa
encontrar.
Hoy Edu cogerá el tren, para regresar
siendo un hombre nuevo, un hombre feliz.
Continuará...
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