El despertador de Pedro suena cada día a las 5 de la
mañana. Su rutina no se puede considerar nada del otro mundo. Un desayuno
basado en café y tostadas con mermelada, una ducha rápida y un par de besos a
su mujer y a sus dos hijas antes de ir a trabajar. El sol sigue oculto cuando
sale de casa y la luz del extrarradio continua visible desde su barrio humilde,
en el casco antiguo de la ciudad. La misma Vila en la que ha vivido los 43 años
de vida que tiene actualmente.
De camino a la estación de tren
suele ver a los barrenderos municipales, que algunas veces le deleitan con unos
breves segundos de conversación, otras simplemente se encuentran sumergidos en
su trabajo y sus pensamientos. Sigue siendo de noche cuando llega a la estación
y, esperando el tren, mata el tiempo leyendo y sobretodo eliminando emails de
publicidad y ofertas de trabajo. No es que no le guste su trabajo, pero tras 10
años en la empresa siente que merece algo mejor, por lo que de vez en cuando
responde a las ofertas de empleo que le parecen más interesantes. Sin éxito.
Hoy, es un martes cualquiera de
diciembre, con frío y amaneceres tardíos. ¿Pero y si fuera hoy uno de esos días
que todo cambia? La vida es muy curiosa e impredecible ya que podemos vivir
años sin cambios ni sobresaltos, y en pocos minutos u horas, todo puede
alterarse.
El tren ya se encuentra en el
andén y Pedro se sube, como de costumbre, en el primer vagón, piso superior.
Todos los pasajeros procuran tener sitios vacíos a su alrededor para poder depositar
sus enseres y estirar las piernas. Pedro no es diferente a ellos. Coloca su
maletín en el asiento de su derecha, saca su novela y empieza a leer. Sin
embargo, poco después que el tren empiece a andar, un hombre en sus cincuenta,
canoso y elegante se sienta al lado de Pedro. Todo va a cambiar.
- ¿Buenos días Pedro, cómo estás?
-empieza la conversación el desconocido, ante la sorpresa de Pedro.
- Hola, perdona pero ahora no
caigo en...
- Normal, normal - comenta - No
creo que sepas quien soy, sin embargo yo a ti sí que te conozco.
Tras una breve pausa, el
desconocido continua su presentación:
- Mi nombre es Claudio, me dedico
a viajar, observar y ofrecer una vida, un futuro mejor a aquellas personas que
selecciono, además...
Pedro interrumpe en un tono nada
amigable -Ya, vale, no me interesa, pero gracias -. Acto seguido, Claudio abre
su maletín, de donde emergen una serie de carpetas y fotografías. El tren
realiza la primera parada, nadie se sienta en ninguno de los 4 asientos libres
que todavía quedan en el área donde se encuentran los dos hombres.
El tren reanuda su marcha y
Claudio sigue con su extraña proposición:
- Entiendo que te parezca raro, yo pensaría igual y es algo
con lo que tengo que tratar a menudo, pero mira, te enseño un par de fotos, sin
ningún compromiso-. Seguidamente Claudio muestra una foto a Pedro donde se
puede observar una mujer sentada al borde de una piscina, dos niños en un
columpio y un padre observando desde la ventana de una casa, al parecer,
insultantemente cara.
Pedro contempla la foto durante unos segundos y antes de
poder dar respuesta a sus pensamientos, Claudio prosigue. - Este hombre se
llama David y al igual que a ti lo conocí en un tren y le hice la misma oferta
que la que te voy a hacer ahora mismo. Te ofrezco poder tener todo esto y más,
no tener que trabajar y vivir esta vida con tu familia. Ni trabajando toda tu
vida podrías llegar a tener todo esto. Yo te lo ofrezco y mi única condición es
que dejes todo atrás, tu trabajo, tu piso y tu ciudad. Tú y tu familia empezaríais
de nuevo y tendrías una vida fácil, cómoda y envidiable-.
-Todo esto debe tener truco,
nadie regala nada y menos a desconocidos- responde finalmente Pedro. - ¿Además,
qué tengo yo que no pueda tener otro en este tren?
- Lo que tienes, al igual que el
hombre de la foto, es que ambos lleváis una vida como la que yo tuve antes de
ser rico. Si hago esto es porque yo no podré disfrutar de esa fortuna y quiero
que alguien lo haga por mí, alguien como tú-. Este último argumento había
dejado sin palabras a Pedro, por lo que Claudio intenta presionar todavía más a
Pedro - Hay otra cosa Pedro, para poder acceder a todo esto debes decidirte.
Solo tenemos tiempo hasta que el tren llegue a tu parada-.
Hasta el momento Pedro no se
había tomado en serio, o no quería, la proposición del extraño personaje, pero
estas últimas palabras han acelerado su pensamiento. Ser feliz, tener todo lo
que siempre ha deseado y por lo que cada mañana se levanta de madrugada y
vuelve tarde a su casa. Su mujer podría descansar y sus hijas crecerían en un
entorno amigable, sin preocupaciones y con todos los lujos que quisieran. Esa
sería una gran vida, pero sería suya. Pedro responde finalmente - Te estoy
agradecido, y creo que es algo que me merezco y deseo, es más, cualquiera desearía
esto. Me he sentido muy tentado pero mi respuesta es no. Digo no porque mi vida
puede ser peor, o más dura, pero es mía. Aceptar tu proposición supondría dejar
de ser yo mismo, dejar de luchar y quitar el significado a todo lo que he hecho
hasta ahora y lo que intento inculcar a mis hijas. Soy feliz así, porque es mi
vida y la vivo como sé y lucho cada día. Si me quitas esa lucha dejaría de
tener sentido lo que soy, y no podría ser feliz, porque dejaría de ser yo mismo.
Pero gracias de corazón-.
Estas palabras parecieron no
afectar a Claudio, quien, tras escuchar la respuesta decide guardar todos sus
papeles y en su lugar abre una carpeta azul. - Gracias Pedro, gente como tú es
la que queremos, con principios y luchadores. Debo excusar todo este paripé y
me vuelvo a presentar, me llamo en realidad Santiago y soy responsable de
Recursos humanos en Walter & Co. Recibimos tu curriculum hace unos meses y
has sido uno de los candidatos finalistas para el puesto en dirección que
solicitaste. Nuestro modo de hacer entrevistas es diferente, ya que queremos
conocer a nuestros aspirantes en un contexto real y no en una entrevista, donde
todo el mundo actúa e intenta responder a las preguntas como si de un examen se
tratara. Debo decir que teníamos dudas sobre quien debía ocupar este puesto,
pero ahora lo tengo claro. El puesto es tuyo si lo quieres, y esto sí que te lo
has ganado.
Pedro responde - Gracias - al
mismo tiempo que cerraba el acuerdo con un apretón de manos. Su integridad, su
moral y su lucha le habían llevado a donde quería. Se había ganado su
felicidad.
El tren llega al fin a su destino
y Pedro empieza un nuevo desafío, sin dejar de ser él mismo.