miércoles, 30 de septiembre de 2015

Tu futuro se decide

El despertador de Pedro suena cada día a las 5 de la mañana. Su rutina no se puede considerar nada del otro mundo. Un desayuno basado en café y tostadas con mermelada, una ducha rápida y un par de besos a su mujer y a sus dos hijas antes de ir a trabajar. El sol sigue oculto cuando sale de casa y la luz del extrarradio continua visible desde su barrio humilde, en el casco antiguo de la ciudad. La misma Vila en la que ha vivido los 43 años de vida que tiene actualmente.

De camino a la estación de tren suele ver a los barrenderos municipales, que algunas veces le deleitan con unos breves segundos de conversación, otras simplemente se encuentran sumergidos en su trabajo y sus pensamientos. Sigue siendo de noche cuando llega a la estación y, esperando el tren, mata el tiempo leyendo y sobretodo eliminando emails de publicidad y ofertas de trabajo. No es que no le guste su trabajo, pero tras 10 años en la empresa siente que merece algo mejor, por lo que de vez en cuando responde a las ofertas de empleo que le parecen más interesantes. Sin éxito.  

Hoy, es un martes cualquiera de diciembre, con frío y amaneceres tardíos. ¿Pero y si fuera hoy uno de esos días que todo cambia? La vida es muy curiosa e impredecible ya que podemos vivir años sin cambios ni sobresaltos, y en pocos minutos u horas, todo puede alterarse.

El tren ya se encuentra en el andén y Pedro se sube, como de costumbre, en el primer vagón, piso superior. Todos los pasajeros procuran tener sitios vacíos a su alrededor para poder depositar sus enseres y estirar las piernas. Pedro no es diferente a ellos. Coloca su maletín en el asiento de su derecha, saca su novela y empieza a leer. Sin embargo, poco después que el tren empiece a andar, un hombre en sus cincuenta, canoso y elegante se sienta al lado de Pedro. Todo va a cambiar.

- ¿Buenos días Pedro, cómo estás? -empieza la conversación el desconocido, ante la sorpresa de Pedro.
- Hola, perdona pero ahora no caigo en...
- Normal, normal - comenta - No creo que sepas quien soy, sin embargo yo a ti sí que te conozco.

Tras una breve pausa, el desconocido continua su presentación:
- Mi nombre es Claudio, me dedico a viajar, observar y ofrecer una vida, un futuro mejor a aquellas personas que selecciono, además...
Pedro interrumpe en un tono nada amigable -Ya, vale, no me interesa, pero gracias -. Acto seguido, Claudio abre su maletín, de donde emergen una serie de carpetas y fotografías. El tren realiza la primera parada, nadie se sienta en ninguno de los 4 asientos libres que todavía quedan en el área donde se encuentran los dos hombres.

El tren reanuda su marcha y Claudio sigue con su extraña proposición:
- Entiendo que te parezca raro, yo pensaría igual y es algo con lo que tengo que tratar a menudo, pero mira, te enseño un par de fotos, sin ningún compromiso-. Seguidamente Claudio muestra una foto a Pedro donde se puede observar una mujer sentada al borde de una piscina, dos niños en un columpio y un padre observando desde la ventana de una casa, al parecer, insultantemente cara.

Pedro contempla la foto durante unos segundos y antes de poder dar respuesta a sus pensamientos, Claudio prosigue. - Este hombre se llama David y al igual que a ti lo conocí en un tren y le hice la misma oferta que la que te voy a hacer ahora mismo. Te ofrezco poder tener todo esto y más, no tener que trabajar y vivir esta vida con tu familia. Ni trabajando toda tu vida podrías llegar a tener todo esto. Yo te lo ofrezco y mi única condición es que dejes todo atrás, tu trabajo, tu piso y tu ciudad. Tú y tu familia empezaríais de nuevo y tendrías una vida fácil, cómoda y envidiable-.

-Todo esto debe tener truco, nadie regala nada y menos a desconocidos- responde finalmente Pedro. - ¿Además, qué tengo yo que no pueda tener otro en este tren?
- Lo que tienes, al igual que el hombre de la foto, es que ambos lleváis una vida como la que yo tuve antes de ser rico. Si hago esto es porque yo no podré disfrutar de esa fortuna y quiero que alguien lo haga por mí, alguien como tú-. Este último argumento había dejado sin palabras a Pedro, por lo que Claudio intenta presionar todavía más a Pedro - Hay otra cosa Pedro, para poder acceder a todo esto debes decidirte. Solo tenemos tiempo hasta que el tren llegue a tu parada-.

Hasta el momento Pedro no se había tomado en serio, o no quería, la proposición del extraño personaje, pero estas últimas palabras han acelerado su pensamiento. Ser feliz, tener todo lo que siempre ha deseado y por lo que cada mañana se levanta de madrugada y vuelve tarde a su casa. Su mujer podría descansar y sus hijas crecerían en un entorno amigable, sin preocupaciones y con todos los lujos que quisieran. Esa sería una gran vida, pero sería suya. Pedro responde finalmente - Te estoy agradecido, y creo que es algo que me merezco y deseo, es más, cualquiera desearía esto. Me he sentido muy tentado pero mi respuesta es no. Digo no porque mi vida puede ser peor, o más dura, pero es mía. Aceptar tu proposición supondría dejar de ser yo mismo, dejar de luchar y quitar el significado a todo lo que he hecho hasta ahora y lo que intento inculcar a mis hijas. Soy feliz así, porque es mi vida y la vivo como sé y lucho cada día. Si me quitas esa lucha dejaría de tener sentido lo que soy, y no podría ser feliz, porque dejaría de ser yo mismo. Pero gracias de corazón-.

Estas palabras parecieron no afectar a Claudio, quien, tras escuchar la respuesta decide guardar todos sus papeles y en su lugar abre una carpeta azul. - Gracias Pedro, gente como tú es la que queremos, con principios y luchadores. Debo excusar todo este paripé y me vuelvo a presentar, me llamo en realidad Santiago y soy responsable de Recursos humanos en Walter & Co. Recibimos tu curriculum hace unos meses y has sido uno de los candidatos finalistas para el puesto en dirección que solicitaste. Nuestro modo de hacer entrevistas es diferente, ya que queremos conocer a nuestros aspirantes en un contexto real y no en una entrevista, donde todo el mundo actúa e intenta responder a las preguntas como si de un examen se tratara. Debo decir que teníamos dudas sobre quien debía ocupar este puesto, pero ahora lo tengo claro. El puesto es tuyo si lo quieres, y esto sí que te lo has ganado. 

Pedro responde - Gracias - al mismo tiempo que cerraba el acuerdo con un apretón de manos. Su integridad, su moral y su lucha le habían llevado a donde quería. Se había ganado su felicidad. 

El tren llega al fin a su destino y Pedro empieza un nuevo desafío, sin dejar de ser él mismo. 




domingo, 20 de septiembre de 2015

La pantalla

Madrugada del lunes. Podrían ser las dos, o tal vez las tres de la mañana. Ya no importa. Acababa de tirar mi teléfono móvil por la ventana tras más de tres horas de discusión con la que hasta ese día era mi novia. Lo único que pude hacer fue añadir exclamaciones y emoticonos a cada cual más dramático, sin éxito ninguno. Supongo que discutir a través de un chat no deja demasiadas más opciones...

Debo decir que he acabado odiando incluso a mi teléfono. Si me detengo a pensar, él siempre me ha dado las peores noticias. Hace pocos meses me informó que mi nota de selectividad era insuficiente para acceder a la carrera que tanto deseaba estudiar, luego he sido rechazado por varias chicas en una web de contactos y finalmente, ahora que podía decir bien fuerte que había encontrado a mi media naranja, acaba rompiendo conmigo a través de él. Destrozar dicho dispositivo ha sido una reacción totalmente natural y lógica.

7:40. Después de una noche en vela y un teléfono destrozado, es hora de ir a estudiar.Subiendo al tren encuentro uno de los pocos sitios libres y tras un par de equilibrismos logro sentarme entre dos chicos de aproximadamente 18 a 20 años. No puedo leer, veo las páginas de mi libro pasar pero tengo la sensación que las palabras entran y salen de la cabeza sin ser procesadas. Es uno de esos días en los que escuchar música y sumergirse en pensamientos autodestructivos parece ser lo único que uno puede hacer. No dejo de visualizar la conversación que he tenido esta madrugada, rememorando las frases más intensas, los reproches, laméntandome de no haber dicho lo que ahora me viene a la mente y pasando de la ira a la melancolia.

El tren no tarda en arrancar y a pesar de no haber dormido, no tengo ni pizca de sueño y cierro los ojos sin éxito, Decido quedarme mirando a los demás pasajeros, pensando en sus vidas, metas y en los motivos para coger este tren. Para mi sorpresa no logro distinguir ni una cara, todas ellas permanecen ocultas mientras contemplan sus teléfonos. ¿Es siempre así? Van pasando los minutos, sigo con mi música y nadie parece reaccionar. Voy llegando a ese instante en el que lo que hasta entonces era normal, ahora empieza a ponerme tenso. ¿Por qué nadie habla, ni se mira o ni siquiera contemplan el paisaje?

A pesar de la música oigo reir al chico que tengo enfrente, sin embargo su boca no se mueve. Su cara es como una máscara que no permite distinguir expresión ninguna, no obstante soy capaz de escuchar sus carcajadas. Lo mismo ocurre con la mujer de su izquierda y, posteriormente, con el chico que tengo a mi lado. Todos ríen, ellos y ellas, y el vagón se llena de carcajadas. ¿Qué es eso tan divertido que hace que todos rían y no levanten sus cabezas?. Estoy cada vez más incómodo en mi asiento y decido levantarme e ir hacía el final del vagón. Necesito salir de allí. Sin embargo en el siguiente vagón nada cambia, todos sus ocupantes ríen, con sus cabezas agachadas.

Entramos en el primer túnel y un ambiente fantasmagórico llena el espacio. Caras blancas iluminadas por pantallas, risas que resuenan en mis oídos y sombras que visten las paredes. Ya no puedo más, tengo que saber que pasa, de que se ríen. Dejando la timidez de lado, pregunto a una mujer con vestido de flores, pero no recibo respuesta, ni siquiera recibo una mirada. Es como si no existiera, como si fuera invisible. Pruebo con el señor mayor a su lado, lo mismo. Repasando mi estado de ánimo he pasado de estar voluble escuchando mi música a sentirme tenso, agobiado y finalmente, desesperado. Le quito el teléfono a un niño (lo sé, no es muy decente) y su cara se dirige hacía mí. Por fin, pienso, una muestra que realmente existo. Sin embargo una nube de gritos cubren el espacio y las caras blancas y ojos sombríos de los pasajeros se clavan en mí. ¿De qué se reían? Necesito saberlo y sin mi teléfono no podía averiguarlo. Al final sacio mi curiosidad gracias al móvil que me he adjudicado.

Una conversación aparece en la pantalla y para mi sorpresa no es para nada graciosa. Se trata de mi discusión con mi novia. Todos la estaban leyendo, se mofaban y parecían pasarlo bien. Yo no podía saber que era porque no llevaba ningún dispositivo, no estaba conectado, ellos sí. Todos se reían de alguién que tenían delante, sin importarles y sin escucharme. ¿Por qué tanta crueldad? No entiendo por qué se deleitaban de mi desgracia y mi tristeza. ¿Es normal que la mala fortuna de los demás nos haga sentir bien? Devuelvo el teléfono al chaval, quien vuelve a centrarse en la pantalla. Las carcajadas vuelven.

Por fin el tren se detiene y me bajo de él. Lo hago solo, sin nadie que me siga. Tras dar un par de pasos una pregunta obvia aparece en mi cabeza: ¿Cómo ha llegado la conversación a todos sus teléfonos? Una sensación de vértigo se apodera de mí, como si  estuviera a punto de caer por unas escaleras, y seguidamente resuena un solo de batería. Estoy a punto de caerme y al recobrar el equilibro me encuentro sentado de nuevo en el asiento del tren, solo y en una parada que no es la mía. En un letrero electrónico puedo leer "final de recorrido". Al parecer sí que tenía sueño.

jueves, 17 de septiembre de 2015

El último mensaje

Ya hace 4 meses. Recuerdo todavía y me arde el corazón cuando visualizo el mensaje de Eduardo: "Chicos esto es muy duro, me acaban de venir a ver a la peluquería, María ha muerto". Al ver este mensaje lo primero que hice fue seguir trabajando unos pocos segundos, para poco después volver a leer el texto. Mi cerebro no lo asimilaba, o no quería hacerlo. Ella fue una gran amiga, de esas que marcan etapas y se convierten en protagonistas de unos años de tu vida. No obstante hubo un repentino giro de timón y acabamos distanciados, incluso nos llegamos a odiar. Ella evitaba salir con nuestros amigos si yo iba a ir, del mismo modo que yo me sentía incómodo con su presencia. Solo quedaron reproches, malas palabras y heridas abiertas. Iluso de mí, meses atrás creía que el destino o el tiempo pondría todo en su sitio y volveríamos a tener, como mínimo, una relación cordial. Esperando me dí cuenta que me equivoqué. Ahora hay heridas que jamás sanarán.

Hoy. Esperando me encuentro en el andén, deben ser las 6:40 puesto que mi tren llega y me subo en él. Es hora punta y cuesta encontrar sitio para sentarse, sin embargo descubro uno al lado de una mujer que aparenta llevar durmiendo toda la mañana en su asiento. Me encuentro demasiado cansado como para poder leer y mantener la concentración. Desde que María falleció, su imagen aparece en mi pensamiento con demasiada frecuencia, incluso en sueños. Así que decido sacar mi móvil y cotillear los primeros posts del día en Facebook. Descubro que tengo un whatsapp y lo primero que pienso es: "otro mensaje grupal compartiendo memes o chistes...". Sin embargo se trata de un número que no tengo en la agenda pero me resulta vagamente familiar. Dos palabras: "¿Dónde estás?". 

Estoy desconcertado y dudo si responder ya que lo más seguro es que se haya equivocado, pero finalmente  contesto: "¿Quién eres?". Acto seguido me espero una respuesta del estilo " me he equivocado, perdón" o "soy la Montse, ...". Lo que ocurre a continuación todavía me desorienta más y es que su reacción me eriza la piel, quizás por su brusquedad y familiaridad de sus palabras. " ¿Todavía sigues respondiendo las preguntas con preguntas?".
Ante respuestas inesperadas de parte de personas desconocidas no sé todavía como reaccionar. Dudo que respuesta dar cuando recibo un nuevo mensaje: "¿Dónde estoy?".

Entramos en un túnel, pierdo la cobertura y me quedo reflexionando acerca de ese último mensaje. Por mi mente pasan mil recuerdos, mil imágenes, mil pensamientos, empiezo a notar como mis manos se humedecen y se enfrían. Respondo: "¿María?". Me quedo mirando la pantalla, sin cerrar la conversación, esperando que escriba. Su mensaje dice: "Se nos hizo tarde, perdimos el tiempo, nos odiamos y desperdiciamos nuestras vidas pensando en un futuro que nunca existió". Esa era su forma de escribir, nunca respondía de forma clara y sus respuestas me daban dolor de cabeza. ¿Cómo era posible? No estaba viva, pero hablaba con ella y no podía desperdiciar el tiempo preguntando cosas que realmente no importaban, necesitaba aprovechar esa oportunidad. "María, he pensado mucho en ti, que nos dejaras es lo más duro que jamás he vivido y es un dolor que nunca se irá". 

María responde: "El dolor se irá, te quiero y te querré a pesar de que deje de existir, odiarte ha acabado conmigo y quiero que mi cariño te haga vivir". 

Yo: "Te echo de menos, lo siento tanto, ojalá tuviéramos otra oportunidad..."

María: "Tú la tienes, yo ya no estoy, pero a través de ti estaré aquí. Deja de pensar y vive. Llena tus horas, tus minutos, tus segundos, haz feliz a nuestros amigos. La vida es una botella, tú decides como llenar la tuya y la de los demás. Pero no pierdas el tiempo sufriendo y pensando, y haz que valga la pena."

Se me llenaron los ojos de lágrimas, jamás pensé que volvería a tener una conversación así con ella. Me sentí recomfortado y a la vez noté que algo estaba sanando dentro de mí, como una herida que empieza a cicatrizar y deja de doler al fin. Nos pasamos la vida planeando y esperando, sin saber que pasará al día, o incluso al minuto siguiente. Llenar nuestra vida de experiencias, cariño y significado, en eso consiste vivir. Si nos pasamos la vida esperando, nuestras botellas acabarán vacías. 

Pienso bien que escribir, estoy temblando y asimilando todo lo que me está pasando. Ella se adelanta. "Sé feliz, no me olvides, esto me mantendrá viva". Salgo del tren con la esperanza de poder seguir hablando con ella. Pantalla negra, mi teléfono no se enciende, ¿cómo voy a saber si realmente he tenido esta conversación? No lo sé, nunca lo sabré, pero hay algo de lo que estoy seguro: No te olvidaré, vivirás a través de mi y caeremos juntos en el olvido. Descansa en paz. 

Fin

Dedicado a una gran amiga y persona que nos dejó a todos. Hasta siempre.