Ya hace 4 meses. Recuerdo todavía y me arde el corazón cuando
visualizo el mensaje de Eduardo: "Chicos esto es muy duro, me acaban de
venir a ver a la peluquería, María ha muerto". Al ver este mensaje lo
primero que hice fue seguir trabajando unos pocos segundos, para poco después
volver a leer el texto. Mi cerebro no lo asimilaba, o no quería hacerlo. Ella
fue una gran amiga, de esas que marcan etapas y se convierten en protagonistas
de unos años de tu vida. No obstante hubo un repentino giro de timón y acabamos
distanciados, incluso nos llegamos a odiar. Ella evitaba salir con nuestros
amigos si yo iba a ir, del mismo modo que yo me sentía incómodo con su
presencia. Solo quedaron reproches, malas palabras y heridas abiertas. Iluso de
mí, meses atrás creía que el destino o el tiempo pondría todo en su sitio y
volveríamos a tener, como mínimo, una relación cordial. Esperando me dí cuenta
que me equivoqué. Ahora hay heridas que jamás sanarán.
Hoy. Esperando me encuentro en el andén, deben ser las 6:40 puesto
que mi tren llega y me subo en él. Es hora punta y cuesta encontrar sitio para
sentarse, sin embargo descubro uno al lado de una mujer que aparenta llevar
durmiendo toda la mañana en su asiento. Me encuentro demasiado cansado como
para poder leer y mantener la concentración. Desde que María falleció, su
imagen aparece en mi pensamiento con demasiada frecuencia, incluso en sueños.
Así que decido sacar mi móvil y cotillear los primeros posts del día en
Facebook. Descubro que tengo un whatsapp y lo primero que pienso es: "otro
mensaje grupal compartiendo memes o chistes...". Sin embargo se trata de
un número que no tengo en la agenda pero me resulta vagamente familiar. Dos
palabras: "¿Dónde estás?".
Estoy desconcertado y dudo si responder ya que lo más seguro es
que se haya equivocado, pero finalmente contesto: "¿Quién
eres?". Acto seguido me espero una respuesta del estilo " me he
equivocado, perdón" o "soy la Montse, ...". Lo que ocurre a continuación
todavía me desorienta más y es que su reacción me eriza la piel, quizás por su
brusquedad y familiaridad de sus palabras. " ¿Todavía sigues respondiendo
las preguntas con preguntas?".
Ante respuestas inesperadas de parte de personas desconocidas no
sé todavía como reaccionar. Dudo que respuesta dar cuando recibo un nuevo
mensaje: "¿Dónde estoy?".
Entramos en un túnel, pierdo la cobertura y me quedo reflexionando
acerca de ese último mensaje. Por mi mente pasan mil recuerdos, mil imágenes,
mil pensamientos, empiezo a notar como mis manos se humedecen y se enfrían.
Respondo: "¿María?". Me quedo mirando la pantalla, sin cerrar la
conversación, esperando que escriba. Su mensaje dice: "Se nos hizo tarde,
perdimos el tiempo, nos odiamos y desperdiciamos nuestras vidas pensando en un
futuro que nunca existió". Esa era su forma de escribir, nunca respondía
de forma clara y sus respuestas me daban dolor de cabeza. ¿Cómo era posible? No
estaba viva, pero hablaba con ella y no podía desperdiciar el tiempo preguntando
cosas que realmente no importaban, necesitaba aprovechar esa oportunidad.
"María, he pensado mucho en ti, que nos dejaras es lo más duro que jamás
he vivido y es un dolor que nunca se irá".
María responde: "El dolor se irá, te quiero y te querré a
pesar de que deje de existir, odiarte ha acabado conmigo y quiero que mi cariño
te haga vivir".
Yo: "Te echo de menos, lo siento tanto, ojalá tuviéramos otra
oportunidad..."
María: "Tú la tienes, yo ya no estoy, pero a través de ti
estaré aquí. Deja de pensar y vive. Llena tus horas, tus minutos, tus segundos,
haz feliz a nuestros amigos. La vida es una botella, tú decides como llenar la
tuya y la de los demás. Pero no pierdas el tiempo sufriendo y pensando, y haz
que valga la pena."
Se me llenaron los ojos de lágrimas, jamás pensé que volvería a
tener una conversación así con ella. Me sentí recomfortado y a la vez noté que
algo estaba sanando dentro de mí, como una herida que empieza a cicatrizar y
deja de doler al fin. Nos pasamos la vida planeando y esperando, sin saber que
pasará al día, o incluso al minuto siguiente. Llenar nuestra vida de
experiencias, cariño y significado, en eso consiste vivir. Si nos pasamos la
vida esperando, nuestras botellas acabarán vacías.
Pienso bien que escribir, estoy temblando y asimilando todo lo que
me está pasando. Ella se adelanta. "Sé feliz, no me olvides, esto me
mantendrá viva". Salgo del tren con la esperanza de poder seguir hablando
con ella. Pantalla negra, mi teléfono no se enciende, ¿cómo voy a saber si
realmente he tenido esta conversación? No lo sé, nunca lo sabré, pero hay algo
de lo que estoy seguro: No te olvidaré, vivirás a través de mi y caeremos
juntos en el olvido. Descansa en paz.
Fin
Dedicado a una gran amiga y persona que nos dejó a todos. Hasta
siempre.
me ha gustado mucho, gracias.
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